Aplicar disciplina positiva, un reto que vale la pena

 

Me declaro fiel seguidora de la disciplina positiva, la crianza con apego y demás temas relacionados con una educación basada en el amor y con límites, aplicados sin violencia.
Pero debo reconocer que lo más teso para aplicarla, son las miles de creencias que tengo en mi inconsciente pues me crié en la época, donde la disciplina era un gran culto a la obediencia. Por esto a pesar de creerme “una paloma de la paz”, cuando de verdad quiero ser consistente, con un comportamiento como el que exige el aplicar disciplina positiva, a veces, se me sale el indio.
Al leer los posts sobre el tema, me imagino la casa de las mujeres que los escriben como centros de paz, en donde los niños tienen solo los juguetes necesarios, todos super didácticos naturales, nada de “fisher price” y en donde sus niños ayudan a organizar en cada uno de los cajones que han definido para cada tipo de juguete, sin pataleta…. en fin un escenario que a veces se aleja mucho de mi realidad, en donde mi hijo de dos años ya reemplaza la canción de ” a guardar a guardar…”, por “a regar a regar…”.
Lo primero que te dice la disciplina positiva es: repite tus instrucciones mil veces y de manera coherente. Con la primera parte de repetir todo, me va muy bien porque soy muy paciente, pero al tratar de ser coherente, a veces la embarro cuando por el susto de ver que Sebas está a punto de ensuciar todo el mueble; en vez de reaccionar calmadamente y de manera ecuánime decir: “amor, no ensuciemos, o cualquier frase asertiva”, se me sale un “no no no no no” y ahí es cuando caigo en cuenta, que lo asusté, cuando le veo la cara de interrogación y entonces trato de sacar la pata diciendo:   ” el mueble no es para regar amor, mejor echa el juguito en el vaso”…. pero entonces me queda la duda, como lo habré hecho? lo traumaticé?
Es claro, a veces en caliente no salen bien las cosas, por eso estoy aplicando un tip que me ha servido mucho, qué es usar un comando que tengo con Lupe, nuestra perrita, pues es corto y positivo (las que tengan perro me entenderán). Lo pueden usar, es super efectivo, si lo hacen de manera consistente.
  • El Comando es: “Aquí, a mi lado, ” y le señalo con el dedo al lado de mi pierna. Sin enojo, ni grito, solo una frase seca: para evitar que se vaya corriendo mientras pago en el supermercado o cualquier otra situación en la que él, quiere salir desbocado y yo de manera efectiva logro que me escuche y venga.
Esta misma lógica la trato de aplicar a casi todas las situaciones cuando caigo en cuenta de que no quiero decir “no”. Entonces, por ejemplo, siempre le digo lo que quiero que haga, y no, lo que no quiero, que haga. Aquí la explicación:
  • En vez de decir “no lo cojas”, le digo: “déjalo en su lugar, o ponlo en su lugar”, esta última le gusta más porque siente que está usando aquello que quería coger en un comienzo.
Para aplicar la esencia de la consistencia, si no sale perfecto a la primera vez, no dejes que tus voces internas o las de personas externas, te digan que “el niño se te salió de las manos”. Yo siempre me repito a mi misma: Aunque no parezca hoy, lo estás haciendo bien.
También he notado que es importante:
  • Quitarle a tu hijo la tentación  de las  cosas que no pueda coger. Su esencia es de explorador  y si tiene menos elementos que lo pongan en riesgo, estarán todos más tranquilos. Aquí no faltará la que te diga que conoció a “niño”, al que nunca le quitaron las porcelanas de la sala y que así aprendió.
Seguramente aquel niño lo hizo, pero mi premisa aquí es: que si yo siento que alguna cosa va a dañarnos la paz, simplemente la quito para evitar ocasiones de cantaleta de: “déjalo ahí” y a medida que va creciendo la comunicación va ha mejorar y se podrán ir poniendo las cosas de nuevo.
  • Durante las famosas “pataletas”,  he visto que  lo primero es que  a Sebas le molesta algunas cosas que hago y es porque no le entendí bien su necesidad, entonces por eso cuando comienza la pataleta, me le acerco bien para escucharlo de nuevo y lograr entenderle mejor.
Lo segundo  es que no hay nada mejor que un buen “cargado” para aminorar una frustración, si algo he aprendido de estos dos años es que en esta etapa “cargar”, sirve exageradamente, así no digamos nada, los ayuda a volver a su centro. No le digo pobrecito ni nada, simplemente le explico que sé, que no poder hacer lo que quiere da rabia y lo cargo hasta que se calma.
Por último voy a aplicar el famoso “frasco de la calma”, este artículo lo leí hoy y ya mismo iré a comprar las cosas para hacerlo con Sebas y después les cuento como va.
Me encanta vivir en esta generación en donde, desde nuestro día a día cada vez, salen más herramientas para empoderarnos en la construcción de un mundo mejor, pero igual no deja de ser un reto. Por eso considero que entre más compartamos esos tips y esas vivencias o acciones que nos ayudan a ir cambiando los paradigmas, mayor conocimiento iremos asentando en nuestras realidades que al fin de cuentas es lo que más impacto tiene.

 

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