Lo divino de ser mamá


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Meditaciones en el baño, más tips para retomar tu vida después de la maternidad

Si bien, toda nuestra vida el baño ha sido el espacio, en donde reflexionamos, nos decimos como nos vemos, ensayamos discursos y nos ponemos lindas; durante la maternidad, este lugar, que nos conoce mejor que muchos ex novios (jajaja), se convierte en un santuario de los 5 segundos de paz que a veces logramos tener, así sea con alguien esperando al otro lado de la puerta, diciendo: “mami, yo te acompaño”.

Yo no he sido la excepción a esta regla y el baño ha sido un lugar que se me ha vuelto terapéutico, al punto de que ahora que Sebas ya tiene 4 años y tengo un poco más de tiempo para mi, sigo teniendo mis meditaciones de 15 minutos en el vestier del baño en las noches, pues en ese espacio, me siento acogida y  el silencio y la oscuridad me llenan de una profunda paz.

Durante estos 4 años de maternidad, a través de mis meditaciones en el baño, me han llegado unos  “mantras”, que son unas  frases que han sido fundamentales para lograr mi paz, para aceptarme como soy y para seguir avanzando con todos los cambios que se viven a diario en la vida y en la maternidad.

Repetir estos mantras o frases,  me ha servido como polo a tierra en momentos de crisis, como grito de lucha para comenzar el día, o simplemente como distractor y relajante para mi loca mente, que a veces no me deja dormir.

  • Mantra de la paciencia: Lo uso cuando me salí de la ropa con Sebas, cuando me siento la peor mamá del mundo, porque él quería quedarse jugando y yo sólo lo acosé durante la tarde para que hiciera lo que yo necesitaba. “Yo soy mucho más que ese ser que hoy fui, yo soy puro amor y pura luz”.

 

  • Mantra para la incertidumbre: Este lo uso cuando estoy a punto del colapso nervioso, porque nada salió como yo lo esperaba, llegué tarde a mis citas, Sebas lloró y yo me sentí mal, etc, etc.  Mientras inhalo “Llegan a mi toda la paz y sabiduría del mundo, todo estará bien”, mientras exhalo ” libero todo el estrés y necesidad de control”.

 

  • Mantra del amor propio: Este lo uso cuando estoy muy cansada, siento que no di lo esperado, siento ganas de llorar y no sé porque; cuando solo llegan a mi mente frases que me descalifican en todos los roles que tengo. Me imagino a mi misma como una bebé indefensa y me doy amor como si yo fuera mi mamá, mientras me repito:”Eres un ser perfecto tal como eres”.

 

  • Mantra de  amor libre. Cuando Sebas está en alguna etapa que sé, que es importante en su vida y no quiero contaminarlo con mis nervios, como el ingreso a la guardería o el colegio. Me lo imagino feliz y tranquilo y  le digo “tu eres tú y yo soy yo, cada quien con su propia vida”.

Me imagino que todas tenemos nuestros rituales de calma y aceptación, espero que al compartirles los míos, logren sacar mejor provecho a esos segundos “sagrados en el baño” de cada una.

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¿Tengo un hijo hiperegalado?

Desde que Sebas nació he estado debatiéndome entre mis pensamientos que me empujan a darle una vida no tan “llena de cosas materiales”, pero por muchos factores del entorno, he terminado por cumplir con muchas de las modas consumistas de la época: le compré las cosas cuando iba a nacer en Miami, le hemos hecho fiestas grandes en sus cumpleaños y tiene muchos muchos juguetes. Esto sin contar que es nieto único por las dos familias, así que todos quieren darle algún regalo en las fechas especiales.

Cuando Sebas nació peleaba con la influencia de su entorno occidental, que es en el que vivimos, con internet, tv y nuevos muñequitos que salen al mercado cada dos meses;  pero con el tiempo y la forma como mi hijo ha ido adaptándolos en su vida, me he dado cuenta que el problema, no son tanto las cosas materiales en sí; pues todos los papás sin importar nuestro ingreso, cuando se puede, nos gusta darle a los hijos regalos y experiencias lindas; y creo que esto es parte también de esa energía de abundancia que podemos enseñarles;  que ellos sientan que pueden lograr lo que quieren en la vida, sin dejar de valorar lo realmente importante.

En esta navidad después de ver miles de videos sobre los niños “hiperegalados”, cuando estaba en la tienda de juguetes escogiendo con Sebas su regalo y en medio de pensamientos internos sobre, ¿será que lo “hiperregalé”?, incluso, a pesar de que tratamos de darle sólo un regalo en las fechas especiales; llegó a mi, un pensamiento diferente que me decía: ¿Porque en vez de pelear con lo que le tocó vivir, mejor veo cómo le saco el mejor provecho a la situación?.

Yo sé que a muchos nos criaron con la creencia, de que si los educamos en la “carencia”, los niños aprenderán a valorar más, pero a veces creo que ese paradigma es el que, nos ha influenciado en la forma de actuar de nuestra generación; que busca siempre, “tener cosas”. Yo creo que si nos enfocamos en ayudarles a los niños a administrar muy bien la abundancia con la que han nacido, les brindaremos las herramientas para que ellos procuren siempre mantenerla.

Más allá de darles cosas, en lo que tenemos que poner mayor cuidado los papás, es en los significados que le damos a esos nuevos recursos que están recibiendo nuestros hijos y como los ayudamos a que estos sean un vehículo para aprovechar más sus vidas.

Es por esto, que considero que:

No hay problema en comprar las cosas en Miami, pero sin olvidar, que nada reemplazará el valor de tus brazos y tu calorcito en el desarrollo de tu bebé.

Hazle las fiestas de cumpleaños grandes, pero examina que es lo que le estás enseñando cada año y hazlo consciente de esto, pues sus mayores regalos serán esos nuevos aprendizajes.

Cómprale antojos, pero dedica el tiempo necesario y la atención para jugar con él, disfrutarlos y enseñarle a tenerlos de manera adecuada.

Y eso si; es tu responsabilidad, que él sepa que cuando no se pueda comprar algo, no se caerá el mundo, pues ya tiene en si mismo el poder para ser feliz.